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Biblioteca del Seminario San Atón

 

 

En líneas generales, los seminarios nacieron a raíz del Concilio de Trento (1545-1563) como centros para atender la formación del clero que en el siglo XVI era muy escasa. Los obispos fueron fundándolos en los últimos años del siglo XVI, aunque su mayor auge se dio en el XVII y sobretodo en el XVIII, cuando tras la expulsión de los Jesuitas por Carlos III la formación del clero, que hasta el momento, había sido desarrollada, en gran medida por la Compañía, se reduce prácticamente a estas instituciones. Hablar sobre la vida cultural de los seminarios nos daría una visión incompleta si no hiciéramos una alusión directa a las bibliotecas, exponentes de la vida cultural de cualquier centro docente. Desde el Concilio Tridentino se hace especial hincapié en la confección de bibliotecas en los seminarios como centros de apoyo a la docencia. En éstas, los seminaristas podían acceder no sólo a las Sagradas Escrituras y otros textos bíblicos, sino además a los manuales que eran utilizados para su aprendizaje.

Como hemos señalado, el Concilio de Trento decretó, a través de la Real Orden de 17 de febrero de 1771, que en cada diócesis se crearan seminarios. En Badajoz no fue posible la aplicación inmediata de estas disposiciones retrasándose prácticamente un siglo. Desde 1599 hasta 1664 los obispos pacenses se disculparon ante Roma de no poder organizar el seminario por la escasez de beneficios y rentas.

Al fallecer el canónigo don Rodrigo Dosma Delgado lega al Obispado una casa en la actual calle Ramón Albarrán, para la creación del seminario. Tras superar los problemas con los herederos es el obispo don Jerónimo Rodríguez de Valderas (1662-1668) el que procede a su instauración. Permaneció el Seminario en estas instalaciones durante algún tiempo, trasladándose posteriormente a la plaza de Minayo, entonces Campo de San Francisco, para en 1927 situarse en un nuevo edificio en la barriada de la Estación, en el que se encuentra en la actualidad. Pero, ¿cuándo se origina su Biblioteca y qué significado tiene para la historia?    LA BIBLIOTECA DEL SEMINARIO DE SAN ATÓN DE BADAJOZ.

"Hemos determinado ceder como en efecto, hemos cedido ara ello los libros y obras mas selectas de nuestra Librería propia y hecho trasladar a dicho Seminario estas, y las que nos han parecido más útiles y convenientes de los libros que se hallan en nuestro Palacio Episcopal..."

Estas palabras fueron formuladas por el obispo Solís y Gragera al constituir oficialmente la Biblioteca del Seminario de Badajoz a finales del 1786. Sin embargo, la historia demuestra que un siglo atrás ya existía una “Librería” que tenía, en cierto modo, el papel de biblioteca.  La Librería del Seminario de San Atón (1664): orígenes de una biblioteca.

El origen de la Biblioteca debemos situarlo coetáneo a la fundación de la institución en el año 1664 en la llamada “Librería del Seminario”. Ésta, que en un principio se constituía de un pequeño grupo de textos bíblicos iba aumentando con las condonaciones que diversas instituciones y fieles entregaban y con los 60 reales que los porcionistas, alumnos del seminario, pagaban al ingresar. Este capital, que en los primeros años no era demasiado voluminoso, fue destinado, en parte, a la compra de obras relacionadas con su enseñanza. Sin embargo, la Librería no puede ser considerada como una auténtica biblioteca, puesto que carecía de un fondo relevante, de reglamentos por los que regirse y su uso era poco significativo, pero sí como el inicio de un camino hacia la constitución y consolidación de la misma.  El nacimiento de la Biblioteca del Seminario.

De entre todos los obispos que rigieron la diócesis de Badajoz desde su fundación fue don Alonso Solís y Gragera (1783-1797) el que más se preocupó de los asuntos relacionados con el Seminario. Dos son las principales muestras de su empeño: la creación de unas constituciones que garantizaran la correcta marcha de la entidad y la puesta en funcionamiento de una biblioteca a la imagen y semejanza de un centro moderno.

La creación de una biblioteca en la estructura del Seminario es considerada como objetivo primordial por este Obispo. Solís y Gragera dedica íntegramente el capítulo XXI de sus Constituciones (1784) para el desarrollo de este tema. Es por tanto éste, el primer documento impreso que recoge punto por punto los elementos constitutivos de la misma, puesto que aunque sus Constituciones no son las primeras, en 1664 el obispo Rodríguez Valderas (1662-1668) había formulado “las Constituciones y Ordenanzas” para el Seminario de la época, sí son las únicas, en las que hasta el momento, se hacía alusión directa a la biblioteca.

Además de las Constituciones formuladas por el este obispo, otro de los hechos que nos permite hablar a partir de este momento y no antes de la existencia de una biblioteca en el Seminario es la incorporación a la primitiva “Librería” de los fondos del extinguido colegio de la Compañía de Jesús de Badajoz y las catorce cargas de libros que se trajeron del colegio jesuítico de Higuera la Real. Sabido es por todos el importantísimo papel que los jesuitas desempeñaron, hasta su extinción, en la formación de sus alumnos. De ello podemos deducir la riqueza documental que en sus bibliotecas se custodiaba y el auge que supone para el Seminario, que hasta el momento contaba con unos fondos mayoritariamente adscritos a las ciencias religiosas, la incorporación de libros de las más variadas ramas del saber (ciencia, matemáticas, física, etc.)   La Biblioteca del Seminario de San Atón: primera biblioteca pública de Badajoz. (1786).

El 9 de diciembre de 1786 el obispo Solís y Gragera junto con el cabildo catedralicio de la ciudad firmaban un edicto de consolidación para la Biblioteca. Se trata de un documento que basado en la anterior Constitución (1784) tenía la función de reafirmarla. Pero sin duda alguna, la medida más importante que se toma es la apertura de la Biblioteca al uso público, convirtiéndola en la primera con carácter público de toda la ciudad. Este hecho conlleva una serie de medidas tomadas por el Seminario: En cuanto a los fondos: son aumentados considerablemente gracias a la incorporación de la biblioteca personal del Obispo y de otras muchas obras que existían en el Obispado y que provenían en gran medida de bibliotecas de los colegios jesuitas extinguidos. Además, la apertura al uso público de la Biblioteca supuso la entrega de una curiosa colección de libros de medicina (más de trescientos), farmacopea, ciencias biológicas, etc.  En cuanto al uso de los fondos: el Obispo concebía la idea de que los libros allí custodiados serían de gran utilidad para los seminaristas, los profesores y para la ciudad, que a finales del siglo XVIII no contaba con una biblioteca pública. Sin embargo, entiende también que en la Biblioteca se custodian obras únicas que debe proteger. Para ello formula severas instrucciones que tratarán de evitar el deterioro de lo que él consideraba un tesoro: El préstamo de libros es restringido. Sólo se permite a los profesores y estudiantes que residan en el Seminario. A pesar de ello, no tenían permiso para sacarlos del colegio. La desaparición de un libro era considerada una falta grave. El préstamo era de tres días y para poder ser efectuado los usuarios debían rellenar una ficha en la que además de sus datos personales indicaban el uso del libro.  Se confecciona un índice alfabético de autores para que los usuarios puedan conocer los fondos sin la necesidad de acceder a ellos e impedir así su deterioro.  En cuanto al personal: al frente de la biblioteca coloca como único responsable a un catedrático del Seminario, el cual se convierte en el custodio de la documentación.                

En el momento en que la Biblioteca inicia su camino como centro público (1786) contaba con un total de 821 títulos que superaban los 2000 volúmenes. En los años siguientes el fondo casi se duplica llegando a superar las 1500 obras o lo que es lo mismo los 3000 volúmenes. Esta situación se debe en gran medida a las donaciones que se reciben. Veamos cuáles fueron las procedencias de los fondos que durante esta etapa llegaron a la entidad: Libros de los colegios suprimidos pertenecientes a la Compañía de Jesús.  La biblioteca particular del obispo don Amador Merino y Malaguilla (1730-1755). Un nutrido conjunto de obras pertenecientes al obispo don Alonso  Solís y Grajera (1783-1797).

De esta etapa es también el primer catálogo el cual constaba de 25 hojas y estaba forrado en pergamino. A parte del volumen de libros inventariados nos permite conocer el sistema de catalogación empleado. Los libros se encuentran clasificados alfabéticamente por autores, haciendo referencia al número de volúmenes, pie de imprenta y fecha de edición. En él se registran un gran número de ejemplares de la Biblia, comentarios de las Sagradas Escrituras, obras de Teología dogmática, escolástica y moral, obras de filosofía, hagiografías, obras de predicación, varios ejemplares de historia de la Iglesia y de historia profana y otras obras que fueron incluidas bajo el título de “asuntos varios” y que eran, en gran medida, manuales de apoyo a la docencia.

La Biblioteca durante los siglos XIX y XX.

En 1797 con el fin del mandato del obispo Solís y Gragera se cierra la que fue sin duda la etapa más gloriosa de la historia de la Biblioteca desde su nacimiento. Debemos esperar hasta el año 1802 de la mano del que llegó a ser arzobispo de la diócesis, don Mateo Delgado y Moreno, para que la entidad sea nuevamente foco de preocupación e interés.

Nos situaremos en el año 1808, fecha en la que comienza la Guerra de la Independencia y se produce, poco tiempo después, la entrada del ejército francés en la ciudad. La invasión, al igual que para otras muchas instituciones, supuso un claro retroceso en el funcionamiento del Seminario y en particular de su Biblioteca. Muchos libros fueron robados, otros desaparecieron, algunos fueron quemados perdiéndose para siempre obras de singular relevancia para la historia de la Iglesia. Aquellos que tuvieron mejor fortuna permanecieron en poder de las autoridades militares hasta el 1814, fecha en que fueron recuperados y devueltos al Seminario.               

Precisamente este primer interés por la recuperación de la Biblioteca se da de la mano del citado Obispo en el año 1818. En principio se trató de ordenar la documentación por clases y estantes pero no habiendo capacidad suficiente en las dependencias algunas clases debieron ser agrupadas de forma conjunta. Además, se realiza un nuevo catálogo con el fin de registrar las pérdidas bibliográficas que la guerra ocasionó. En este momento la entidad contaba con unas 1600 obras, es decir, en los años del conflicto desaparecieron alrededor de mil títulos.

Una vez terminada la guerra y durante el transcurso de los siglos XIX y XX la Biblioteca fue recibiendo donaciones que sirvieron para aumentar su debilitado patrimonio. A ello contribuyeron: La biblioteca particular del obispo don Félix Soto Mancera (1904-1910). Destacó no sólo por su volumen sino por la calidad de las obras. Para conocer la importancia de la documentación entregada sólo debemos señalar que gran parte de los incunables y de los ejemplares de mayor valor bibliográfico fueron donados por él.  Varias bibliotecas personales: don Aquilino Camacho Macías en la que predominan los fondos sobre derecho e historia; don José María Robles Febré (literatura), don José García (Sagrada Escritura) y don Tomás Fernández Tamayo (filosofía).  Un nutrido conjunto de obras de variada índole fueron donadas por el último arzobispo don Antonio Montero.  Una generosa dotación de don Antonio García Moreno, profesor emérito del Centro Superior de Estudios Teológicos. Ésta ha permitido poner al día, entre otras, la sección de Sagrada Escritura con la incorporación a la misma de las publicaciones muy actuales. Obras incautadas a los conventos masculinos de la ciudad (franciscanos, agustinos, mercedarios descalzos) durante las Desamortizaciones del siglo XIX. Representan un volumen inferior respeto a las anteriores aportaciones puesto que la gran mayoría de los títulos incautados fueron destinados a la Biblioteca Pública de Badajoz y a la Diputación.  La Biblioteca presente y futuro.

La realidad actual es que en la Biblioteca del Seminario Metropolitano de Badajoz se custodia la mejor colección religiosa de Extremadura con un total de 35.000 volúmenes de los que casi un 15% se encuentran aún pendientes de catalogar. Principalmente esta situación está motivada en la falta de medios tanto humanos como económicos, lo que conlleva que la entidad no mantenga un horario de apertura al público fijo y que por tanto su uso se limite casi exclusivamente a los profesores y alumnos del Seminario, a algunos sacerdotes de la diócesis que utilizan sus fuentes para la confección de trabajos y a escasos investigadores que encuentran en su magnífico fondo obras que sirven de sustento a interesantes estudios, artículos de investigación o incluso tesis doctorales.

Veamos algunas de las cuestiones relacionadas con la Biblioteca en la actualidad:   Estructura:  Cuenta en la actualidad con una espaciosa infraestructura en el edificio donde se ubica el Seminario Metropolitano de San Atón, en la calle Manuel Saavedra Martínez, nº 2 de Badajoz. Está ubicada en la primera planta del espacio rectangular extremo, que se proyecta y alza como torreón en la fachada del Seminario, con librerías distribuidas en diversas pisos, alrededor de sus muros, a los que se asciende mediante escaleras angulares de caracol. Ha visto multiplicarse en los últimos años el número de estantes, que llegan a ocupar ahora en tres filas buena parte del  espacio indicado. Pero tan poco ha resultado suficiente, por lo que la opción última, suficiente para algunos años, ha sido duplicar todo el espacio mediante la incorporación de una segunda planta del torreón al espacio inicial.  

El personal:

El personal es sumamente escaso pudiendo resumirlo en la figura del bibliotecario, que en la actualidad es el Dr. don Francisco Tejada Vizuete, reconocido investigador, cuyo trabajo está haciendo resurgir a la Biblioteca de su letargo y llevándola a un florecimiento que quizás jamás conoció, ayudado por doña Mercedes de la Concha Leal, antigua profesora del centro. Además, varios alumnos del Seminario Mayor prestan su colaboración desinteresada cuando sus obligaciones se lo permiten. Con carácter especial y sólo durante algunos meses, alumnos de la Facultad de Biblioteconomía y Documentación prestan sus servicios. Gracias al convenio que se mantiene entre la Universidad de Extremadura y el Seminario desde hace ya algunos años, los alumnos de 3º curso de la Diplomatura en Biblioteconomía y Documentación pueden llevar a término sus prácticas en estas instalaciones.   

Su fondo:

Como ya hemos apuntado en otras ocasiones el fondo de la Biblioteca pertenece mayoritariamente al ámbito de las ciencias religiosas, aunque no por ello y fundamentalmente por donaciones se han descuidado otras ramas del saber. En la actualidad existen alrededor de 35.000 volúmenes los cuales se encuentran ubicados en estanterías de madera y metal que se disponen entre las tres plantas con las que la Biblioteca cuenta. Además, la entidad mantiene un número amplio de suscripciones a revistas. Algunas de éstas comienzan a principios del siglo XX y llegan hasta nuestros días, mientras que de otros títulos se conservan número sueltos. Esta situación viene motivada por varias razones: la desaparición de la revista, la donación aislada de ejemplares, sustracciones y pérdidas y también, en algunos casos, la falta de recursos económicos que obliga a la selección de algunos títulos en detrimento de otros.  Se nutre la biblioteca de los libros que ella misma compra y de los que recibe por donación de particulares y de diversas entidades culturales, tanto regionales como nacionales. Pero los fondos más numerosos y, por lo común, de bastante interés, dada la especialización de los mismos, le llegan por vía de legados de personas eclesiásticas.  La clasificación de los libros se realiza por la referencia en su interior y la fijación en el lomo exterior de una letra y un número, que conforman su  particular signatura: A (arte), B (bibliografía), D (derecho civil), F (filosofía en sus diversos tratados,  filosofía de la naturaleza, historia de las ciencias), FC (filología clásica: autores griegos y latinos) H (historia), L (literatura, lingüística y filología castellana, francesa, italiana, inglesa, alemana, etc.), S (sociología). La signatura, además,  nos conduce  al lugar topográfico ocupado por el libro en las instalaciones, por lo que aparece claramente registrada en la ficha correspondiente a cada libro, ubicada en  los ficheros dispuestos en la sala de lectura. Las fichas, por otra parte, triplicadas cuando menos, nos permiten una clasificación en el fichero por materia, autor y título del libro.  El registro de libros notables de la Biblioteca:

Con la signatura EN (ediciones notables) la biblioteca  clasifica  y custodia de manera especial una serie de libros a los que también podrían clasificarse bajo la condición de "raros", como sucede en otras bibliotecas. A mencionada clasificación remiten los ejemplares incunables; pero también la extraordinaria Políglota de Amberes o Biblia Regia de Arias Montano, recientemente restaurada. No faltan otras Biblias interesantísimas del siglo XVI, particularmente una de ellas ilustrada y editada en Lyon. La lista de estas obras no deja de crecer, conforme se avanza en un mejor conocimiento bibliográfico de los fondos. Puede citarse, por ejemplo, la edición "princeps" romana de  El Fisiólogo de San Epifanio (1587), de la que el único ejemplar existente en España es el de la Biblioteca del Seminario.

Por recordar sólo algunos libros de estas ediciones notables y raras baste citar los Sermones de San Vicente Ferrer (1509), la Catena aurea de Santo Tomás de Aquino (1520), las Obras  de Virgilio (1527), la edición italiana del Orlando Furioso de Ariosto (1556), la edición de 1558 de la Gramática latina de Nebrija o, del mismo año, el Catecismo del arzobispo de Toledo Bartolomé Carranza, uno de los poquísimos  ejemplares existentes en el mundo, salvado de la Inquisición.   Proyectos futuros: El futuro de la Biblioteca está marcado por un halo de optimismo que nos permite vislumbrar algunas de las actuaciones que se van a llevar a término. La catalogación completa del patrimonio bibliográfico, la adquisición de nuevos fondos y la disposición real de éstos a la comunidad científica son sin duda tres de los principales objetivos a los que esta Biblioteca ha comenzado ya a hacer frente. Sin embargo, la situación concreta de la entidad requiere la actuación urgente en otros campos. La Biblioteca del Seminario Metropolitano de San Atón es una de las importantes, en cantidad y calidad, de Extremadura, alberga la mayor colección extremeña de fondos procedentes de bibliófilos y se trata, además, de un buen ejemplo de biblioteca particular que debe estar cuanto antes y de una forma reglada a disposición del público. Por otra parte, la informatización del patrimonio bibliográfico español permitirá  comparar prontamente sus fondos con los de las más importantes  bibliotecas del país, aunque ya puede afirmarse que superan el centenar los libros del siglo XVI que no se encuentran en ninguna otra biblioteca española. Divulgación de los fondos y edición de algunos ejemplares notables: 

En las últimas décadas la Biblioteca del Seminario ha realizado un loable esfuerzo por ir dando a conocer al público libros de gran importancia para diversos temas de investigación mediante exposiciones. Pueden citarse así las dedicadas a fondos americanistas, con el título Fondos Bibliográficos de Indias (1985), bíblicos, de literatura emblemática y heráldica. En todas las ocasiones se ha dispuesto de catálogo, salvo el que fuera impreso en el 85. Queremos referirnos a los dos últimos, compuestos por don Francisco Tejada Vizuete bajo el título La Emblemática y sus fuentes (1987) y Herádica y otros grabados (1991). En el primero de éstos la intención era sumarse, junto con la universidad española,  al movimiento internacional existente relativo a la valoración de las imágenes que hay codificadas en los libros de emblemas, si bien, en origen, estas obras eran, de hecho, verdaderos tratados de moral o política, encaminados a la formación del hombre, del príncipe cristiano o del obispo, como indican los  títulos de las siguientes ediciones "principes": El Sabio instruido de la naturaleza...(Francisco Garau, 1679); Príncipe perfecto y ministros ajustados: documentos políticos y morales en emblemas (Andrés Mendo, 1662); Idea del Buen Pastor, copiada por los Santos Doctores, representada en Empresas Sacras (Francisco Núñez de Cepeda, 1682).  Valgan estos ejemplos para señalar la  riqueza de unos fondos, ya que, al menos, la Biblioteca del Seminario cuenta con el  quince por ciento de los doscientos ejemplares más significativos que se editaran en Europa desde mediados del siglo XVI hasta la decadencia de este tipo de literatura.  La afición en nuestros días a los temas relacionados  con  la heráldica cuenta con un campo fértil en la Biblioteca. Las ediciones antiguas, tantas veces dedicadas a una personalidad relevante del poder político o religioso, por lo común mecenas de la obra, suelen acompañarse  con las  armas o escudo del personaje en cuestión, como las muy abundantes actas sinodales de las diversas diócesis españolas lo hacen con las del obispo  que convoca  el Sínodo. Si añadimos a lo dicho  los extraordinarios retratos con que algunos autores adornan sus obras o los de los Santos, cuyas efigies nos muestran los libros hagiográficos, etc. la Biblioteca del Seminario ofrece entonces un extraordinario  banco de imágenes de incalculable valor plástico y gráfico.


 RUBIO MERINO, P. Archivos eclesiásticos. Nociones básicas. Sevilla: Guadalquivir, 1999, p. 141.

 Archivo del Seminario de Badajoz. Legajo 6 nº 38 (escrituras).

 GRAN enciclopedia extremeña. Mérida: Edex, 1992, vol 9, p. 157.

 “Edicto de Constitución de la Biblioteca del Seminario de San Atón de Badajoz” firmado por el obispo Alonso Solís y Gragera el 9 de diciembre de 1786.

 RUBIO MERINO, P. El Seminario Conciliar de San Atón de Badajoz (1664-1964). Badajoz, 1964, p. 304.

 SOLAR Y TABOADA, A. El Seminario de San Atón de Badajoz (notas históricas). Badajoz, 1945, p. 52.

 Archivo de la Biblioteca del Seminario. Constituciones para el Seminario dadas por el obispo de esta capital. Don A. Solís y Gragera. Fol.1 v.

 Archivo del Seminario Diocesano. Libro de Fundación, fol 65. v.

 BLANCO COTANO, M. El primer centro universitario de Extremadura: Badajoz 1973: Historia pedagógica del Seminario de San Atón. Cáceres: Servicio de publicaciones de la Universidad de Extremadura, 1998, p. 218.

 BLANCO COTANO, M. El primer centro universitario... Op. Cit., p. 218; RUBIO MERINO, P. El Seminario Conciliar... Op. Cit., p. 305.

 COBOS BUENO, J.M; VAQUERO MARTÍNEZ, J.M. La física en un centro ilustrado en el Badajoz del siglo XVIII: el Seminario de San Atón. Trujillo: Real Academia de las Letras y las Artes de Extremadura, 1998, p. 172; SOLAR Y TABOADA, A. El seminario de San Atón... Op. Cit., pp. 85-89.

 BLANCO COTANO, M. El primer centro universitario... Op. Cit., p. 220.

 RUBIO MERINO, P. El Seminario Conciliar... Op. Cit., p. 306.

 SOLAR Y TABOADA, A. El seminario de San Atón... Op. Cit., p. 88.

 BLANCO COTANO, M. El primer centro universitario... Op. Cit., p. 221.

 RUBIO MERINO, P. El Seminario... Op. Cit., p. 306.

  BLANCO COTANO, M. El primer centro universitario... Op. Cit., p. 222.

 RUBIO MERINO, P. El Seminario Conciliar... Op. Cit., p. 307.

 Entrevista al Dr. Don Francisco Tejada Vizueta. Director de la Biblioteca del Seminario Metropolitano de Badajoz.

 Ibidem.